Ángel Covelo

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Floristería Ángel Covelo

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El olivo de Vigo

El olivo es, de todos los “árbores senlleiros” vigueses, el más conocido por ser emblema de la ciudad de Vigo y formar parte de su escudo, además de tener una ubicación muy céntrica.
Buscar sobre la historia de este olivo resulta, cuando menos, pintoresco. Hay historias creíbles como la que dice que fue plantado en el siglo XII por los Templarios, o que la Iglesia de Santa María, terminada de construir en 1403, tenía un olivo que tiempo atrás habían plantado los Templarios. La mayoría son absolutamente anacrónicas, pues cuentan que una vez construida la Iglesia, el olivo fue plantado por los Templarios en el Siglo XV.

Senlleiros de Castrelos

Aprovechando el tema del ombú del I.E.S. do Castro estuve repasando otros árboles con la misma condición, tanto de Vigo como de la comarca, y bien, vamos servidos. En Vigo, aparte del ombú, están 4 en Castrelos, uno en el Paseo de Alfonso y otro en la Plaza de Compostela. Redondela alcanza 5, se cultivan 3 en el Pazo de Torres Agrelo, uno en el Pazo de Torrecedeira y otro en Reboreda, cerca de estos se encuentran los 4 del Castelo de Soutomaior, mientras Gondomar y Ponteareas aportan uno en cada Ayuntamiento.

Ombú, árbore senlleiro

Tras seis años de lucha encarnizada con la burocracia de la Xunta de Galicia, al fin, el IES DO CASTRO consigue que su ombú sea declarado como 'Árbore Senlleira de Galicia', uniéndose así a la camelia, el eucalipto, el haya, y el tulipero del Pazo de Castrelos, a la casuarina de la Plaza de Compostela, y al emblema de la ciudad, el olivo del paseo de Alfonso, como árboles representativos de Vigo en el catálogo que para estas lides publican los próceres de nuestra Comunidad para resaltar lo más granado de la vegetación galaica.

Más foráneas

La reina Isabel, harta de que Cristóbal le comiera la oreja, acabó financiando el viaje hacia ninguna parte que le había propuesto este individuo, lo normal sería que no volviera y se libraran del pesado. Lo más curioso del asunto es que salió bien solo por el nimio detalle de que había un continente a mitad de camino, cosa de la que nunca se enteró nuestro descubridor pues murió pensando que había llegado a las “Indias” por un camino más corto, tal y como había previsto.

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