Un monstruo viene a verme

“Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad y deje parte de la felicidad que trae.” Con esta frase ya mítica, el conde Drácula, interpretado por Gary Oldman, recibía a Jonathan Harker en su castillo. Hoy hago mía esta frase para daros la bienvenida a este rincón en el que pretendo hablaros de cine y de todo lo que le rodea. Os traeré reseñas de películas, noticias sobre rodajes, próximos estrenos, festivales, premios o cualquier cosa que me parezca interesante compartir con todos vosotros.

Principalmente me centraré en reseñas de películas de estreno, pero como no solo de la pantalla grande vive el cinéfago, también os comentaré películas de estreno en formatos domésticos como DVD y Bluray o de los servicios de VOD y streaming que están tan de moda en estos tiempos.

Espero que disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo. Así que ya no me lío más y entro en materia.

Hoy voy a hablaros de una película que, a pesar de llevar unas semanas en cartelera, sigue llenando salas y está en boca de todo el mundo.

Aunque no hubierais leído el título del artículo, seguro que en estos momentos ya sabríais que os hablo de Un monstruo viene a verme, lo último de J. A. Bayona, el director español responsable de El orfanato o Lo imposible, películas que, junto con la que hoy nos ocupa, conforman lo que se ha dado en llamar en algunos círculos la “Trilogía madre-hijo” pues, en todas ellas, el tema central gira en torno a relaciones materno-filiares.un monstruo vino a verme 03

Ríos de tinta se han escrito ya a estas alturas a propósito del lacrimógeno film de Bayona, al que se ha acusado de buscar la lágrima fácil y de apelar al lado más sensiblero del público sin reparo alguno. No seré yo quien venga a negarlo. Es indudable que una de las grandes armas del director en esta película es atacar directamente al corazón. Sin embargo, no estoy en absoluto de acuerdo en que la película sea tan dramática como algunos la quieren pintar, que los lees o los oyes hablar y parece que te vas a pasar la película llorando de principio a fin. No. Para nada. Sí, es cierto que es una historia dura, y que tiene escenas que hacen que se te encoja un poco el alma, pero de ahí a lo otro va un buen tramo.

La película es una adaptación del libro del mismo título escrito por Patrick Ness que, vaya por delante, no he leído, así que mi percepción de la película es tomándola como obra independiente y no como adaptación.

Tal como yo lo veo, nos encontramos ante un claro desequilibrio entre continente y contenido. Es decir, a nivel técnico es impecable; efectos visuales y de sonido, fotografía, ambientación y música rayan a muy alto nivel. Sin embargo, la historia tiene un ritmo narrativo irregular y se hace lenta por momentos, además de ser terriblemente previsible y carente de un interés palpable que nos invite a aguantar la historia hasta el final.

Otro hándicap con el que cuenta Un monstruo viene a verme es que, a pesar de contar con dos actrices excepcionales como Sigourney Weaver y Felicity Jones, las interpretaciones no consiguen que lleguemos a empatizar con los personajes todo lo que deberíamos haciendo que no entremos del todo dentro de la película.

A pesar de todo ello, nos encontramos ante una buena película en términos generales que, de cara a la próxima temporada de premios que se avecina, estará muy presente en los apartados técnicos y es posible que se alce con más de un premio.