La soledad del nenúfar

Nenúfares Kew Garden / Fotos ©Ángel Covelo Nenúfares Kew Garden / Fotos ©Ángel Covelo

En el breve espacio de 15 días nos encontramos con dos noticias botánicas que afectan a la ciudad de Vigo, tal y como recoge la prensa “analógica”. Por un lado, parece ser, que al fin se reconoce al ombú del IES do Castro como “Árbore Senlleira de Galicia” y por otro la floración de un inmenso nenúfar, de la misma especie que ya había florecido en 2013 y 2014.

Como soy poco amigo de llevar el orden que yo mismo establezco, vamos a dejar el ombú para mejor ocasión y centrarnos en el nenúfar que hizo correr ríos de tinta y cargó tarjetas de memoria con inolvidables imágenes.

La planta en cuestión es la Victoria cruziana Orb, que recibe el nombre del género en honor a la reina Victoria del Reino Unido, y el específico al que fue presidente de Bolivia y Perú, Andrés de Santa Cruz Villavicencio, pues financió la expedición que descubrió el primer ejemplar. Habita en aguas tranquilas y cenagosas de los ríos Paraná y Paraguay que, junto al rio Uruguay unen sus aguas para formar el Río de la Plata.

Es una planta con un gran rizoma del que salen unas hojas circulares que pueden alcanzar cerca de los dos metros de diámetro, con un pliegue hacia arriba y dos aperturas por las que sale en agua, el haz es verde claro brillante, hidrófugo y el envés, al igual que el resto sumergido de la planta, espinoso que protege del ataque de predadores y surcada por canales de aire que ayudan a la flotabilidad.

La flor es una obra de ingeniería y astucia, el primer día es de color blanco, femenina, con un olor que recuerda a la piña de ananás, además eleva la temperatura, incluso 10ºC sobre la ambiental, para atraer a los coleópteros que se disponen a comer, entonces la flor se cierra y quedan atrapados, en este momento la flor pasa a ser masculina y cambia el color a rosa, los insectos quedan impregnados con el polen, la flor se abre y salen libres nuestros bichos que buscarán otra flor blanca y fecundarán. Este es un método excelente para provocar la fecundación cruzada. Por cierto en Faro de Vigo (03-08-2016) lo contaban exactamente al revés. Cosas del directo.

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La Victoria cruziana, también llamada irupé, tiene un pariente muy cercano, la Victoria amazónica, más grande que la anterior y más exigente en el cultivo por necesitar temperaturas más elevadas, se la conoce como abatiyú, o agoapé. Ambas plantas pueden hibridar, si el polen es de cruziana se llama “Adventure”, si es de amazónica “Longwood”.

Esta maravilla de la naturaleza pueden contemplarla en la Fundación Sales en Avenida de Europa nº 52.
Cultivar esta planta no es del tipo “hágalo usted mismo. Las primeras semillas llegaron a Kew Garden en 1846, solo geminaron dos y murieron al poco tiempo, tres años después vino otro lote de semillas y se consiguieron 50 plantas, se repartieron y John Paxton consiguió el éxito tras reproducir el ambiente en el que vive la planta en su estado natural en el crudo invierno inglés, y a base de los medios de la época, estufas de carbón. Conseguido.
Ciento cincuenta y siete años más tarde sigue habiendo mucha dificultad para llevar a buen término la planta, controlar temperatura ambiente y del agua, lograr un sustrato abundante y rico en nutrientes, y un inmenso estanque modelo piscina. Caro, caro.

Llegó el primer fin de semana de agosto y la expectación se hizo máxima con dos protagonistas que compartían nombre, el Cristo de la Victoria y la planta que iba a eclosionar su capullo primogénito, pero algo se torció al final y tal floración no se produjo, difícil saber la razón, en la Fundación Sales dijeron que podría haber sido la niebla que apareció aquel día, pero, muy honradamente, admitieron que no lo sabían a ciencia cierta, la verdad es que en este caso carece de importancia pues florece varias veces seguidas. Quien sabe igual fue el miedo escénico con tantas cámaras, vídeos, focos, flashes...

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Los medios de comunicación, ya sea de nuestra Comunidad como nacionales, plasmaron sus crónicas que pueden considerarse “clónicas”, pues da la impresión que todas las escribió el mismo autor. La afirmación: una de las diez plantas más raras del mundo y la única en España, me extrañó bastante. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), tanto para plantas como para animales, engloba con esta cualidad a especies que son escasas, de menos de 10.000 ejemplares, y generalmente endemismos con pocas posibilidades de recuperar población. La Victoria no cumple este requisito porque sigue siendo relativamente abundante en sus países de origen y cultivada en la mayor parte de Jardines Botánicos de Europa, algunos como Val Rahmeh en Francia, o Padua en Italia, que aprovecha una fuente termal, las cultivan al aire libre, mismo logro conseguido en Ámsterdam donde el clima no es lo que más ayuda. Por si fuera poco se pueden comprar las semillas por internet e incluso la plántula con tres hojas de 20 cm de diámetro, en Italia, por 45 euros. Hay otra consideración, más “de calle” quien entiende como plantas raras a aquellas que lo son por su aspecto, como el Amorphophallus, la Rafflesia, la Hydnora y un largo etcétera, según le parezca al autor de turno, criterio que no cumple la Victoria que no deja de ser un tipo de nenúfar, eso sí, de tamaño bestial.

Otra afirmación llamativa es “única en España” bueno, pues tampoco, porque en el Jardín Botánico Histórico de la Concepción en Málaga también la cultivan y, más cautos, “creen” que son los únicos que la poseen en España. Además, igual que en la Fundación viguesa, no es de ahora, pues afirman que el pasado año le murieron dos ejemplares a causa de unos parásitos que les comieron las raíces, por eso, este año, decidieron meter gambusias, peces con el dudoso honor de ser una de las especies más invasoras del mundo, en el estanque para que se coman a los insectos. Por cierto pretenden exponerla en el exterior.