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La Camelia

Si hay una planta a la que se le tenga un cariño especial, llegando en casos a la veneración, y tratemos como algo propio, es la camelia. Lo más curioso del caso es que ni es autóctona, ni lleva entre nosotros tan siquiera 200 años, sino que procede del otro extremo del mundo y los primeros ejemplares llegaron a mitad del siglo XIX.

Allá por 1415, Portugal comenzó a explorar territorios “allende sus fronteras”, empezando por el norte de África, y de ahí fueron avanzando por la costa africana, llegando a doblar el Cabo de Buena Esperanza y, como quien no quiere la cosa, se plantan en la India, China , Japón.., las razones eran, como no, la evangelización y, secundariamente, el comercio, vamos que se forraron a cuenta de las especias, sedas, y otro montón de “delicatessen”, aprovechando que los otomanos habían conquistado Asia Menor y cerrado la Ruta de la Seda, que era algo así como el París-Dakkar pero en camello.

En España, cuando empezó esta odisea, estábamos limando asperezas con los musulmanes, que finalizaron en 1.492 con la conquista de Granada y, para celebrarlo, descubrimos América el mismo año. Se abrieron dos rutas comerciales, correspondiéndole la del oeste a España y la del este a Portugal, tras reparto del Papa Alejandro VI, que por repartir, repartía de todo: indulgencias, bulas, comuniones, puestos de relevancia para sus hijos y, de paso, el mundo. Esta distribución, se supone, fue bastante bien acogida por ambos países, pero el resto de potencias europeas también quiso participar del negocio y al final lo consiguieron, más por las malas que por las buenas, en especial ingleses y holandeses.

{gallery}camelia01:300:200:0:{/gallery}El hecho de que los portugueses dominaran las rutas a Extremo Oriente, dio lugar a suponer que en siglo XVI habían introducido las camelias en Europa, pero actualmente se cree que llegaron a Portugal a principios del siglo XIX procedentes de Inglaterra. Hace tiempo leí una curiosa definición: un inglés es un señor que toca madera y además se la queda, así cuando los brasileños monopolizaban el cultivo de la Hevea brasilensis para la obtención del caucho, un inglés,el señor Henry Wickham, se las apañó para "distraer" un saco de semillas, que fueron plantadas en Malasia, Birmania..., acabando con el negocio de los brasileños y mandando al paro a los siringueiros, que así se llamaban los que extraían el preciado producto. Igualmente se rumorea que quisieron hacer lo mismo, con anterioridad, con el monopolio portugués del té, comprando plantas para cultivar en sus colonias, pero el "intermediario" les dió gato por liebre y, aunque les vendió camelias, no eran "sinensis", de donde se extrae el té, sino una camelia que producía un té intragable, pero con las flores muy bonitas. Flema inglesa.

Como decíamos, las primeras camelias que llegaron a Portugal procedían de Inglaterra, y, desde Portugal, entraron en Galicia por medio de Jose Marques Loureiro que suministró ejemplares a muchos pazos de las Rías Bajas, entre otros el Pazo Quiñones de León en Vigo. El alto precio que alcanzaban estas plantas estaba solo al alcance de las clases más pudientes

{gallery}camelia02:300:200:1:{/gallery}El nombre del género, Camellia, fue dado por Linneo en honor de George Joseph Kamel, que fue un misionero jesuita nacido en Moravia, y enviado a Filipinas donde también hizo labores de médico, farmacéutico, y, sobretodo, estudió las propiedades medicinales de las plantas del país. Escribió un libro sobre las plantas de la Isla de Luzón. En aquella época, las clases cultas escribían en latín, así que firmaba como Camellus, nombre más zoológico que botánico. Linneo no conoció a Kamel por haber muerto éste antes de su nacimiento.

Camellia es un género que agrupa alrededor de 200 especies originarias del este de Asia, en especial China, las especies más conocidas son la sinensis por ser productora del té, y entre las ornamentales: japonica, reticulata,y sasanqua, son las más cultivadas en Galicia. Por el tipo de flor se distinguen: simple, semidoble, doble incompleta, doble completa, anémona y peonía.

Camellia japonica Wall, su nombre específico proviene de uno de sus lugares de origen, Japón, pero también se encuentra silvestre en China y Corea. Generalmente se trata de un arbusto perenne que puede convertirse en un árbol de hasta 9 metros de altura, sus hojas son coriáceas, verde oscuras por el haz y más claras por el envés, y el borde aserrado, descripción válida para todas las citadas aquí, salvo por su tamaño. Las flores son muy variables según su forma y color, blancas, rojas, rosas.., y muchas combinaciones de colores, al cabo hay más de 3.000 variedades de camelia, incluso hay quien dice que 10.000 y más. Me pondré a contarlas. El fruto, propio de las de flor simple, o semidoble por ser las que tienen carpelos fértiles, tiene el aspecto de una manzana pequeña, muy dura y contiene 2 ó 3 semillas.

Una camelia muy conocida esta plantada en el Pazo Quiñones de León, se llama Matusalén por el patriarca bíblico que vivió 969 años, de vivir un poco más hubiera participado en el crucero que montó su nieto Noé, pues zarpó un año después de su muerte.

Camellia reticulata Lindl. Su nombre específico se debe a la marcada nerviación de sus hojas, es originaria de China. Se trata de un arbusto que puede convertirse en un árbol de hasta 15 metros. Las hojas son algo más grandes que las de la C. japónica, más estrechas y largas, las ramas menos compactas y levemente péndulas. Las flores suelen ser muy grandes, llegando a los 17 cm. de diámetro y su color varía.
Una C. reticulata var. "Captain Rawes" de 12 metros está plantada en el Pazo de Oca, de las más antiguas de Europa.

Camellia sasanqua Thunb. El nombre específico, se debe al término sazanka, que en japonés significa "flor de té de montaña". Es originaria de las Islas del sur de Japón. Es un arbusto perenne de hasta 5 metros de altura. Las hojas y flores, que son muy fragantes, son mucho más pequeñas que las de las dos anteriores.
En Japón se cultiva desde muy antiguo pero no por motivos ornamentales, sino porque sus hojas se utilizan para preparar té, y de sus frutos se extrae un aceite de alto poder calórico.

Muy similar a la sasanqua es la Camellia oleífera C. Abel, de la que se extrae un aceite, de gran calidad, válido para uso culinario y, muy apreciado en cosmética, en la actualidad se está ensayando en la Estación Fitopatolóxica do Areeiro su rentabilidad, pues de 1 Kg. De semilla se extrae sobre 500 c.c. de aceite.

La camelia encontró en Galicia un lugar óptimo para su cultivo pues necesita de clima templado, húmedo, suelo con Ph ácido y rico en materia orgánica. Aquí de eso no tiene queja. Sin embargo es poco dada a sitios excesivamente soleados que hacen que amarilleen las hojas.

Se reproduce por estaca o acodo, en el caso de la reticulata es mejor recurrir al injerto. De semilla lo normal es que obtengamos ejemplares de flor simple.

Si se quiere profundizar en el tema existe la Ruta de las Camelias, visitando el Pazo Quiñones de León, el Monte O Castro, Castelo de Soutomaior, Pazo de Lourizán, A Saleta, Pazo Quinteiro da Cruz, Pazo de Rubians, Casa Museo Rosalía de Castro, Pazo de Oca, Pazo Santa Cruz de Ribadulla, Alameda de Santiago, y Pazo de Mariñán.
El próximo año se celebra en Pontevedra la LII Concurso Exposición de la Camelia, este año le correspondió a Vilagarcía de Arousa, y en Vigo será en 2017.