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La playa fluvial de Pontecaldelas, cautelarmente cerrada a los bañistas La playa fluvial de Pontecaldelas, cautelarmente cerrada a los bañistas

Esta semana desayunábamos con un nuevo vertido. Otro más... Los medios se hacían eco de un incidente que por reiterado no deja de ser gravísimo: un vertido obligó a prohibir el baño en la playa fluvial de Ponte Caldelas.

Se da la circunstancia de que es la única playa fluvial en España con Bandera Azul, primera concedida a una playa de río, y no tuvo tiempo de lucir distinción pues de “no-se-sabe-donde-carallo” salió un vertido. Uno más.

Al parecer, el Concello de Ponte Caldelas cree que el problema, presuntamente, puede tener su origen en unos trabajos de limpieza de la depuradora de A Lama. Venga, así somos en Galicia, la mierda para el vecino.

Por culpa de este vertido, se ha prohibido, cautelarmente, el baño en la playa fluvial de A Calzada.

El alcalde de Ponte Caldelas, el socialista Andrés Díaz que desbancó la hegemonía y la saga familiar del PP, mostró su total oposición a que vuelvan a producirse este tipo de incidentes pero, sorprendentemente, no exige responsabilidades ya que el alcalde de A Lama es del mismo partido y no vaya a ser que la cosa acabe en tormenta...

Un operativo de la Xunta tomó muestras del agua pero todo acabará como siempre: cerrando el expediente por no poder demostrar el origen de la contaminación.

Ante un nuevo atentado contra el medio natural, las autoridades se preocupan únicamente por lucir la Bandera Azul, que las aguas estén aptas para el baño y que el vertido no afecte en años venideros a la distinción obtenida.

¡Tiene bemoles...! ¿Y las truchas y los reos? ¿Y los pescadores? ¿Y la biodiversidad del río? ¿Y la agresión a nuestro bien más preciado? Es de auténtico escándalo. Los tiempos que nos toca vivir son tan convulsos que llega al poder cualquier indocumentado. Es una tomadura de pelo.

Los pescadores vigueses saben a qué me refiero. El Verdugo en Ponte Caldelas es uno de sus destinos predilectos, por cercanía a la ciudad olívica y por la belleza natural que atesora.

Habrá en estos momentos pescadores de Vigo y comarca a los que el baño en la citada playa le importe un pimiento –y si pica, mejor– ya que lo que le preocupa es cómo quedó la población de truchas y reos, si hubo mortandad y si se puede seguir pescando...

Menos mal que el sufrido colectivo de la caña y de lo fluvial se entera de las cosas y toma sus precauciones, no vaya a ser que comamos una trucha y acabemos en Povisa.

Miguel Piñeiro

Escritor, periodista y editor

miguelpesca.com