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Agua

Está visto que el tiempo anda revuelto, y no me refiero sólo a los aguaceros de los últimos días. En los últimos años hemos ido alguna que otra vez a la playa ya en febrero, hemos ahorrado en calefacción hasta noviembre y las estaciones en términos climatológicos ya no son como antaño. El cambio climático es toda una realidad y sufrimos las consecuencias en formato de fenómenos extremos que acarrean no pocos problemas.

Tenemos en Galicia algunas fijaciones seculares. Como bien decía mi colega de pesca, el doctor Juan José Moralejo, media población aún caga de campo (con perdón), es decir, sin depurar, edificamos en las cunetas, los marcos de las fincas se mueven de noche y practicamos el feísmo.

Las consecuencias de una política tremendamente desacertada en la construcción y en la planificación urbana o rural nos llevan a constantes casos de riadas e inundaciones con todo lo que ello supone.

Uno de los casos más conocidos en Galicia es el de Balaidos. Mal hicimos al edificar cerca de un río pero puesto que la edificación es la que es, deberíamos haber tenido en cuenta que el Lagares es muy cabroncete.

Además de este caso, también es muy conocido el de un aparcamiento subterráneo en Vilagarcía que fue construido encima de un regato. Creo que no hace falta que les explique qué pasa cuando caen cuatro gotas de más.

rios inundacion sar padron

Estos considerandos nos deberían llevar a reconsiderar cómo hemos edificado y como es la construcción en nuestro País pero ahora ya es tarde puesto que en muchísimos casos hicimos antes los edificios que las calles cuando debería ser al revés. Primero es urbanizar, después construir. Es decir, en vez de prevenir las riadas edificando a resguardo, edificamos al lado del río y ahora pedimos que el seguro o San Judas Tadeo -Patrón de lo imposible- nos amparen.

No tenemos remedio. Genoma galaico autóctono. Viva el feísmo...

Las constantes lluvias de enero han dejado un aluvión de problemas, algunos recurrentes como el Miñor en Gondomar, el Lagares en Vigo, el Louro en Porriño y el Umia en Caldas, por citar algunos ejemplos graves. Y la situación se volverá a repetir por inacción de las administraciones -más preocupadas por los sobresueldos, por los pactos, por los Eres, por las tarjetas black y otras lindezas de nuestra clase política- que por la gestión al ciudadano que le vota.

Las lluvias han reportado agua bendita para los ríos por la capacidad de regeneración natural que provocan, por la limpieza de toda la basura que tiramos a los cursos y por la calidad del agua, pero la cantidad de lluvia ha sido tanta en tan poco tiempo que las consecuencias estuvieron en las primeras planas de los medios durante días.
Con una buena planificación y organización, con la restauración de los bosques de ribera, evitando talas incontroladas, con otras actuaciones puntuales y con mucha voluntad y hasta poco dinero, se pueden evitar muchos de estos problemas. Es cuestión de poder y querer.

Mientras tanto, nos empeñamos tozudamente en llevarle la contraria a la indomable Madre Naturaleza, esa a la que le debemos tanto. No seré yo quien dude del privilegio de una casa en la mismísima playa pero si cuestiono la idoneidad de su ubicación. Con los ríos pasa lo mismo, nos obcecamos y empecinamos en la belleza a la hora de construir un chiringuito para las parrilladas de fin de semana con los amigotes pero no reparamos en que un río cabreado nos puede poner en jaque teniendo que destinar -invierno tras invierno- costosísimos medios humanos y técnicos para intentar paliar los inevitables efectos colaterales a sus crecidas.

Si usted ve venir un coche lo lógico es que se aparte pero si vemos un río edificamos. Esto es así y no funciona.
Ahora tenemos que buscar soluciones cuando la mejor metodología era haber buscado alternativas científicas rigurosas antes de crear el problema.

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Los ríos gallegos son las arterias del País y llevamos tanto tiempo dándole la espalda y maltratándolos que ahora nos toca sufrir sus furibundos enfados.

Con lo fácil que es tener sentidiño y previsión a largo tiempo, pero no aprendemos...

Item más. La configuración de las rías gallegas en las zonas de las desembocaduras son consecuencia de la evolución geo-morfológica del planeta durante millones de años y el ser humano en la actualidad sigue alterándolas con edificaciones y obras faraónicas, tan necesarias como feas y costosas.

Repare el lector en la cantidad de barbaridades que hemos colocado en rías y ríos y empecemos a asumir que nos hemos pasado. Sólo reconociendo los errores seremos capaces de encontrar las soluciones.

Días atrás, viendo en televisión un dramático reportaje sobre las riadas en Gondomar salía un vecino cariacontecido por el metro de agua que tenía en la cocina de su casa y me acordé del monstruoso nuevo Viaducto del AVE en el Ulla a la altura de mi Catoira natal. El político de turno, en la inauguración, jamás tendría ni una sola neurona ocupada en los problemas del vecino de Gondomar porque mientras inauguraba, antes y después, estaría pensando egoístamente en su ostentosa portada en Faro de Vigo y no en el vecino con un metro de agua en la cocina del que sólo se acordará para pedirle el voto.

Que no nos sorprenda pues que, después de tantos años de democracia aburguesada en el bipartidismo, lleguen al hemiciclo y a las corporaciones locales, provinciales y autonómicas, partidos emergentes que saben hacer llegar su mensaje al vecino al que el agua le inunda su cocina cada vez que caen cuatro gotas.

Y es que se lo han puesto “a huevo”, con perdón...

Miguel Piñeiro

Escritor, periodista y editor

miguelpesca.com

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