La injusticia de una sentencia reclamada

Sí, era violación. Seguro que ninguno lo imaginábamos. ¿Cómo va a ser violación que cinco tipos metan a una chica ebria en un portal y la fuercen anal, bucal, y vaginalmente? La sentencia más lógica era, sin lugar a dudas, la del Tribunal Superior de Justicia de Navarra. Porque es un abuso clarísimo. Por eso miles de personas salieron a la calle para reclamar justicia. Justicia de verdad, no esa que no nos protege ni nos ayuda.

Solo han hecho falta dos años de prisión provisional, de libertad bajo fianza, y de denuncias como la de Pozoblanco. Solo han hecho falta una sentencia incomprensible, un proceso judicial largo, y finalmente un recurso ante el Tribunal Supremo para que se viese una violación donde, ¡Oh, sorpresa! SÍ HABÍA UNA VIOLACIÓN.

¿La sentencia final? 15 años para cada uno de los miembros de La Manada. Y como no, las redes sociales convirtiéndose en una algarabía de opiniones: “¡Ya era hora!”, “hermana, yo sí te creo”, “sí, era violación” o “por fin justicia”... De estos, sinceramente, me quedo con el último. ¿Por fin justicia?, ¿en serio?

Olvídate de la justicia. La justicia, como bien dice mi padre, nunca es justa. Pero a mí eso me rechina. Me suena tan injusto (nunca mejor dicho) que me quema por dentro.

Si eres de los que se ha alegrado por la sentencia, déjame que te cuente algo. Y luego, casi mejor que calcules tú mismo...

La víctima, a la que nos referiremos como Ella, tendrá un recuerdo imborrable para el resto de su vida. Probablemente, tenga miedo de salir sola por la noche. Quizás, todavía no haya sido capaz de tener una pareja estable. Y si la tiene, créeme cuando te digo que no tendrá nada fácil tener relaciones sexuales. Olvídate de todo lo que conoces del sexo, olvídate del clásico “empotramiento”, o de los momentos más salvajes, o de los besos furtivos. Puede que ella no pueda volver a disfrutar de eso.

¿Tú duermes bien? Es probable que Ella no. Es probable que tenga pesadillas, que la oscuridad de la noche la lleve hasta el portal y le recuerde la violación. Quizás grite en sueños, o tenga miedo de dormir en su propia cama.

Supongo que verás la televisión o leerás la prensa, o tendrás redes sociales. Imagina encenderla y encontrarte con lo que, posiblemente, más odias en el mundo. Una, y otra, y otra vez. Entonces, ¿qué haces?, ¿te aislas o vives una lucha constante y diaria por recuperar una vida que te han robado cinco desgraciados?

Bueno, sigamos. Igual la comparativa aún no está clara.

Ella probablemente necesite ayuda psicológica, claro. Es decir, va a tener que acudir una y otra y otra vez a contarle a un desconocido todo lo que le ha pasado. Y cuando te digo todo, es todo. Es decir, cómo le hacían lo que le hacían. Como eso que no quería hacer, lo tuvo que hacer. Como primero la forzaban uno, y otro... y así hasta cinco depravados ¿Te ha dado asco? Imagina a Ella cuando lo recuerda.

¿Por qué el psicólogo? Bueno, a nivel técnico los traumas deben convertirse en recuerdos. Es algo así como afrontar un “lo que te ha pasado, te ha pasado y no hay vuelta atrás”. Cuando lo asumes, el trauma se convierte en un recuerdo y vives de nuevo. Pero no creas que esto es cosa de un día, ni mucho menos. Esto es algo que a veces nunca llega, o en otras puede tardar 20, 30 e incluso más años.

Y te doy la última pieza del rompecabezas: la (puta) sociedad. Esa educación patriarcal que tanto has escuchado, esa educación machista que llevamos años arrastrando. ¿Sabes que es lo que tienen en común la inmensa mayoría de víctimas de violación? La culpa. La injusta y miserable culpa. Porque todo lo que han escuchado desde que son pequeñas les lleva a pensar que quizás deberían haberse resistido de alguna manera, que tal vez si no hubieran bebido tanto o no hubieran llevado una falda tan corta no les habría pasado nada...

¿Cómo le explicas a alguien que ha vivido eso que no fue su culpa?, ¿cómo le dices que la razón por la que le han jodido la vida es, simplemente, porque en el mundo hay hijos de puta?

Ahora alégrate por la sentencia, piensa en que está bien que cumplen 15 años en prisión. Probablemente nunca sean 15, y probablemente en menos de 3 años estén recibiendo permisos para salir.

Juguemos a las cábalas. Calcula tú mismo cuánto tiempo van a pasar en la cárcel. Yo apuesto por una década (y creo que apunto alto). Ahora compara y dime, ¿de verdad son justos 10 o 15 años de cárcel?, ¿de verdad no hay que reformar el código penal para aumentar las penas contra los violadores y pederastas?, ¿de verdad me tengo que alegrar?

Ella no es solo la víctima de La Manada, Ella es todas y cada una de las supervivientes de violación o abuso sexual. Ella es la que se encuentra por la calle con alguien que le ha jodido la vida. Ella es la que no duerme, la que sueña, la que sufre dolor cada vez que intenta mantener relaciones, o la que llora en la noche maldiciendo el día en el que le pasó lo que le pasó.

Ella es la que merece una reforma del Código Penal. Ella es la que necesita que se aumenten las penas, que las sentencias sean contundentes... Ella es la que no debe conformarse con que 15 años de cárcel sean una pena para una violación. ¿Y sabes por qué? Porque para ella 15 años no son nada comparados con una vida totalmente rota.